
“La versión de la leyenda más popular en Cataluña
explica que en Montblanc vivía un dragón terrible que causaba estragos entre la
población y el ganado. Para apaciguarlo, se sacrificaba al monstruo una persona
escogida por sorteo. Un día la suerte señaló a la hija del rey, que habría
muerto de no ser por la aparición de un hermoso caballero con armadura que se
enfrentó al dragón y lo mató. La tradición añade que de la sangre derramada
nació un rosal de flores rojas.”
Debido a eso, cada día de San Jordi en
Cataluña, los chicos regalan a sus
novias una rosa (o un ramillete…) para memorar la muerte del dragón. Cambiando
de tema, se dice que la rosa es rojo como el color de sangre y las espinas
representan las puntas de la espalda del dragón.
Además, por suerte para los chicos, el
día coincide con el día del libro para honrar
los muertos de unos escritores como Cervantes y Shakespeare, entre otros. Por
eso, las chicas dan a sus novios un
libro.
En cuanto a mi propia experiencia de la
celebración, yo hacía parte de una masa
de gente que invadían la rambla
durante todo el día. Habían puestos de rosas y libros a lo largo de la calle
que estaban rodeados por un burrada
de gente. ¡No podía ver mucho! Por
cierto, aunque mi novio no vive aquí, mi amiga me regaló una rosa J
En general, me gusta mucho la celebración
catalana de Sant Jordi. Es un día feliz y romántico donde se ve mucha gente que
lleva rosas y libros caminando a lo largo de la ciudad con grandes sonrisas en
sus caras. Había un ambiente muy feliz y las calles estuvieron a tope todo el día.
La Rambla: completamente inundada de gente